Logotipo Amaia Larumbe

Doctora, ¿qué es ese aparato con el que me mira todos mis lunares?

16 de noviembre de 2018 En: DermatologíaDermatología preventivaLunares - nevusMelanoma

Cualquier paciente que haya ido al dermatólogo en los últimos años, con mucha probabilidad éste le habrá mirado sus lesiones pigmentadas y cualquier otra lesión cutánea, con un aparato llamado dermatoscopio.

Tengo que confesar que soy una entusiasta de la dermatoscopia y me encanta mirar cualquier lesión cutánea mediante el mismo para tratar de hacer diagnósticos lo más precisos posibles, tratando de ahorrar otras técnicas invasivas complementarias.

Se trata de una técnica reciente que ha supuesto que todos los dermatólogos que estamos interesados en ella hemos tenido que formarnos mediante cursos y congresos para poder interpretar lo que vemos a través de este ‘aparatito’.

No es una simple lupa como muchos creen; se trata de una técnica no invasiva que nos permite ver, a través de un sistema de iluminación de luz polarizada, estructuras y colores de las diferentes partes de la piel que no son visibles mediante la inspección simple.

Y entonces ¿para qué sirve?

Pues se trata sin lugar a duda del instrumento más útil que tenemos los dermatólogos para diferenciar los lunares benignos  de aquellos que son malignos (melanoma) y no solo para diagnosticarlos, sino para que seamos capaces de hacerlo en las etapas iniciales del mismo, mejorando muchísimo su pronóstico. 

El hecho previo justificaría la necesidad de tener un dermatoscopio en todas las consultas dermatológicas, pero su utilidad va más allá. El estudio de la dermatoscopia nos ha hecho capaces de diagnosticar tumores benignos sin la necesidad de biopsias, en muchas ocasiones, solo con los datos que nos aporta la imagen dermatoscópica.

Y como ocurre en muchas cosas de la vida, una utilidad nos ha llevado a otra y  ya no concibo mi práctica médica sin este instrumento, habiéndose convertido en indispensable para el diagnóstico de cualquier patología de la piel.